Tere Escorza y la búsqueda de la escuela perfecta para Paola, su hija con hipoacusia. (Parte 2)

La escuela se llama Dos Pirules. Es una escuela que ningún niño quiere abandonar, y las mamás tenemos que rogarle a nuestros pequeños: “por favor vámonos” todos los días. ‘La mejor escuela’ sí existe y les quiero contar por qué ese colegio es diferente, y cómo nos han ayudado tanto a mi familia y a mi.

Cerca de mi casa, en un día gris de esos en los que nada sale bien, noté una hermosa barda pintada con pájaros y otros animales, y pensé: “cuánta belleza representada en este dibujo en esta enorme pared”. Y fue así como se convirtió en mi refugio para los días grises y sin esperanza, cuando la frustración de saber que tu hija no puede escuchar ni hablar era más fuerte que todo. Un día apareció el teléfono de la escuela en la barda y decidí llamar y concerté una cita con la directora, la Lic. Atala Elorduy.

Al abrirse las puertas del lugar, me encontré con un hermoso jardín lleno de paz y cantos de pájaros, con tres hermosos caballos llamados Almendra, Jerez y Galleta. Desde el inicio, la lic. Atala Elorduy me abrió las puertas de su casa y me mostró su enorme y bondadoso corazón. Me habló de su amor por la música clásica y de su pasión por los caballos, y de su deseo de hacer algo diferente para la niñez de México, de poner un granito de arena que contribuya a que las futuras generaciones sean diferentes y mejores que el resto. Niños sensibles con los animales y los otros seres humanos, que aman a su entorno, que ven el mundo con ojos diferentes porque todos los días viven un entorno único en su ‘segunda casa’.

Atala, como hoy cariñosamente le llamamos, es la creadora de una estancia infantil basada en un programa musical, despertando sonrisas, introduciendo poco a poco el amor por la música clásica en los más pequeños y todos los beneficios que eso implica. A pesar de que este proyecto apenas iniciaba, Atala ponía el AMOR en cada detalle, con la mejor disposición, el ímpetu y las ganas de hacer algo diferente en donde los niños sean capaces de encontrar su grandeza interior.

Todo el concepto se veía y se oía increíble y me enamoré de cada palabra. Yo les hablé de mi hija, una niña sorda a quien se le había colocado un implante coclear para que pudiera escuchar y aún así no lo lograba; una niña que no hablaba y que había vivido muy malas experiencias con el dispositivo electrónico que le pasaba corriente eléctrica de más, con una terapia castigadora, y un kínder en donde no entendieron sus necesidades…

(Continuará…)

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